
El rendimiento académico es el resultado de la integración y asimilación del proceso de estudio y se expresa a través de los resultados académicos o calificaciones obtenidas. Esto implica medir el aprendizaje en función de los resultados y no necesariamente del esfuerzo académico, lo que a veces puede llevar a una significativa frustración, especialmente entre los estudiantes que enfrentan dificultades emocionales y/o conductuales que afectan negativamente su rendimiento.
Se refleja tanto en factores individuales como en las habilidades y conocimientos adquiridos por el estudiante, y puede manifestarse en ámbitos generales, como el colegio, los hábitos y comportamientos de estudio, o específicos, como la forma en que el estudiante se desenvuelve en su vida y sus relaciones sociales. Además, factores sociales, como la influencia de la institución escolar, también influyen en el rendimiento académico.
El desempeño académico está influenciado por una variedad de factores, tanto externos como internos.
Los factores externos incluyen: aspectos socioeconómicos y culturales de la familia de origen, la metodología de enseñanza, los materiales educativos, la infraestructura y los métodos de evaluación.
Los factores internos incluyen: el esfuerzo personal, la motivación, la adaptación social, el ajuste emocional, la salud física, las deficiencias, los estresores, la predisposición, entre otros.
En contraste con el éxito académico, se encuentra el fracaso escolar, que puede estar relacionado con factores que afectan negativamente el rendimiento escolar. Estos son:
- Dificultades socio-económicas o culturales dentro del ambiente familiar.
- Dificultades en el ambiente familiar: No solo el profesorado o el colegio determinan el éxito académico, sino que la familia tiene un peso importante en la educación de los estudiantes.
- Dificultades en los profesores: Incapacidad para motivar a los estudiantes, aplicación de técnicas innovadoras de aprendizaje, etc.
- Dificultades personales: motivacionales, emocionales, conductuales, etc.
Estas dificultades emocionales y conductuales tienen un impacto directo en el rendimiento académico de los niños, lo que a menudo sirve como un indicador de que algo está afectando al niño. De hecho, uno de los principales síntomas de los trastornos emocionales y conductuales es la afectación en el rendimiento escolar, porque su eficacia en las tareas disminuye o porque su comportamiento les dificulta tener éxito en las tareas escolares. Esta relación directa entre el rendimiento escolar y el estado emocional ha sido respaldada por numerosas investigaciones.
Los niños que enfrentan estas dificultades pueden entrar en una espiral de fracaso en la que las dificultades emocionales y los problemas académicos se retroalimentan mutuamente. Es decir, no pueden responder emocionalmente de manera adecuada, lo que les genera frustración en su desempeño escolar, lo que a su vez los lleva a no obtener los resultados académicos esperados y a sentir inseguridad sobre sus propias capacidades.
Algunos de los principales síntomas asociados con el bajo rendimiento académico, que a su vez pueden contribuir a un menor rendimiento, incluyen:
- Ansiedad: problemas de alimentación, sueño, somatización, miedos…
- Síntomas depresivos: tristeza, labilidad emocional, falta de energía…
- Problemas conductuales: trastornos de comportamiento (prefieren que los otros les consideren “malos” antes que “estúpidos”)
- Trastornos adaptativos: se aísla de la clase, se desmotiva y se margina al compararse con el resto del grupo.
Las dificultades emocionales
En el caso de los niños y adolescentes, las emociones suelen ser más intensas, transitorias y sujetas a cambios rápidos de intensidad en comparación con los adultos. Aquellos que no pueden expresar sus emociones verbalmente tienden a manifestarlas a través de su comportamiento.
Las dificultades de conducta
Las dificultades de conducta se refieren a pensamientos y comportamientos no adaptativos que pueden ser:
Externalizadas: dirigidos hacia el exterior, hacia otras personas de su entorno, como agresiones, robos, violencia, rabietas, insultos, malas contestaciones, frustración…
Internalizadas: dirigidos hacia el interior, hacia uno mismo. Ejemplos: ansiedad, depresión, ira, somatizaciones…
Entre los principales problemas de conducta que se encuentran en la población infantil y juvenil se incluyen:
- Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), caracterizado por un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad que afecta el funcionamiento y el desarrollo del individuo.
- Trastorno Negativista Desafiante (TND), que se manifiesta a través de un patrón de enfado, irritabilidad, discusiones y actitudes desafiantes o vengativas en niños y adolescentes.
- Trastorno Explosivo Intermitente (TEI), que se caracteriza por arrebatos recurrentes de comportamiento que reflejan una falta de control de impulsos de agresividad.
- Trastorno de Conducta (TC) se presenta como un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el cual no se respetan los derechos básicos de otros, normas o reglas sociales propias de la edad.
La intervención psicopedagógica en caso de trastornos de conducta debe ser multidisciplinaria y dirigida a todos los agentes involucrados en la educación del niño, incluyendo la familia, la escuela y el propio estudiante.
Técnicas operantes
- Técnicas para disminuir la frecuencia de una conducta: castigo, extinción, tiempo fuera, sobrecorrección y coste de respuesta.
- Técnicas para aumentar la frecuencia de una conducta: refuerzo, contrato conductual, economía de fichas y modelado.
Romper este ciclo vicioso y prevenir su aparición es una tarea en la que deben participar activamente los padres, los profesores y otros profesionales que interactúan con los niños y adolescentes.
Además, los profesionales en el ámbito educativo no están exentos de experimentar dificultades emocionales relacionadas con su profesión. De acuerdo con el último estudio «Ánimo Profesional 2023» de la Udima, aproximadamente el 39% de los docentes reporta experimentar un estado emocional que podría estar asociado a la depresión. Por lo tanto, el autocuidado, la gestión del estrés y la implementación de estrategias para afrontar las demandas diarias son de suma importancia para que los docentes puedan brindar un apoyo efectivo a sus alumnos en este sentido.
Fuente:
Cardona, L. T. (2024, 25 noviembre). El rendimiento académico y su relación con los problemas emocionales y conductuales en el aula. ISEP. https://www.isep.es/actualidad/rendimiento-academico-problemas-emocionales-conductualesaula#:~:text=El%20desempe%C3%B1o%20acad%C3%A9mico%20est%C3%A1%20influenciado,y%20los%20m%C3%A9todos%20de%20evaluaci%C3%B3n.
